Escribo este texto un viernes por la tarde, cuando ya muchos anhelan que sea la hora de salida e irse corriendo con los amigos a algún bar de la ciudad y tomar alcohol y olvidar todos los problemas del trabajo y de la vida familiar, un escape inmediato que ciegue el estrés y las angustias de la semana.
Los viernes por la tarde son quizá el día más esperado por todas las personas asalariadas que trabajan en una oficina, con un horario de 9 a 6 de la tarde, con pago quincenal y que es feliz comiendo garnachas de la esquina. Porque esa es su realidad, todos los días. Pero los viernes es especial porque desde la mañana se siente esa emoción de que por fin ha llegado ese día, los viernes es el día de la felicidad, de la sonrisa, de ponerte de buenas, de llegar al trabajo y pasar horas esperando para poder salir y olvidarte de todo, no importa que el próximo lunes regreses a tu triste realidad, con montón de trabajo que nunca acaba, con tu quincena que ya no te alcanza, con tus deudas persiguiéndote, con los problemas que llevas años arrastrándolos.
Pero es viernes, te olvidas de todo, hoy se vale quitarte la corbata, salir a bailar y relucir tus mejores pasos, es viernes y toca ver a los amigos e irte a jugar billar con ellos, es viernes y toca ver a tu hermosa novia y escaparse ambos a un espacio íntimo para... bueno ya saben para qué, es viernes y los compañeros de trabajo te invitan a tomar unas yardas en una terraza bar que está en el centro de la ciudad, no importa que te gastes media quincena.
Y así sucesivamente todos los viernes de cada semana, de todos los meses, de los años y años que van pasando, mientras su aburrida rutina pasa con el tiempo y se hacen viejos, más serios, más cansados, la rutina no cambia, llegan los viernes para alegrar su miserable vida, para tener un momento de descanso, aunque llegue el sábado y estén más cansados que nunca, más agotados porque el cuerpo ya no resiste como antes, ya no, ya han pasado los años y estos cobran factura.
Después podría otro post sobre la tortura que les representa a un asalariado godínez el que llegue el domingo por la noche y el lunes por la mañana, el terrible regreso a su realidad, ese es otro tema que da para mucho, un capítulo que se les repite semana tras semana, pero por ahora hoy es viernes, hoy es el gran día, la espera terminó, este día nos apuramos lo más rápido para acabar con todos nuestros pendientes y poder concluir temprano, se acerca las 3 de la tarde y ya es el momento de partir, de decir, adiós, buen fin de semana, nos vemos el lunes, byeeeee.

